sábado, 17 de enero de 2009

El mar, la costa

Esa sensación de lo ya vivido, esa angustia inoportuna que impregna las paredes de mi mente mientras se van desfigurando los ideales mas concretos mientras mi cuerpo es nada y se esfuma con la brisa del mar, azul, inmenso, tranquilo y desafiante que quiere llevarse hasta mis nostalgias en cada ola, cierro los ojos para recordar el sabor de la playa, esa ya lejana, la que abrigaba mis pies en una arena calida inundada de corales de colores tan vivos como el atardecer imponente de tonos naranja que resultan de la danza del sol y esas nubes que te quieren hablar, que quieren decirte esto es vivir, es abrir tus sentidos para abrazarte a la naturaleza que te ha regalado esta magia… solo añorarte me queda costa infinita de alegría, donde han quedado en el tiempo las mas bellas aventuras que en mis días de colegio acostumbraba realizar, solo me queda llorarte norte de mi tristeza innegable, honda como tu profundidad donde solía refugiarme

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