Cuando una persona decide que es momento de modificar algo en su personalidad o en cualquier aspecto de su vida es porque generalmente existe un elemento que lo lleva a tal reflexión, bien sea una persona, una situación o un propósito especifico. El motivo inicial, se convierte en la fuerza del deseo que nos impulsa a ejercer las acciones para dicho cambio, sin embargo, creo que en primer lugar la personalidad de un ser humano cualquiera se ha formado tan tempranamente que es verdaderamente imposible siquiera soñar que realmente se dé tal transformación en ese nivel; ahora, lo que si se puede hacer es adaptar el comportamiento o establecer una clara diferencia en cómo te ven las demás personas.
¿Por qué realmente quieres cambiar?
¿Porque te da la gana?
O ¿Alguien te lo sugirió?
¿Será que una serie de eventos desfavorables te indican que lo hagas? Y si es así, ¿crees que han dependido exclusivamente de ti o tu actitud?
Creo que en este punto todas las interrogantes son válidas y necesarias, mas quizás no tan sencillas de responder si no crees en ti, si no te conoces a ti mismo y si no eres capaz de ser absolutamente honesto al respecto. Pienso que la principal arma para alguien que ha establecido el factor que lo ha llevado a querer mejorar algo en su carácter o su forma de actuar es estar seguro de que el cambio es inexorablemente para su beneficio, nadie quiere cambiar para sentirse incomodo, de hecho nadie debería hacerlo si eso trae como consecuencia que sientas que has perdido algo importante de ti, de lo que eres, pues aunque a todos les parezca excelente tu seguirás sintiéndote miserable. Con esto quiero decir que, si harás algo, hazlo por ti, porque de verdad sientes que es necesario.
¿Qué es lo que quieres cambiar exactamente?
Aquí es donde debes considerar que lo primero es establecer objetivos realistas, posibles y empezar por las cosas más simples, más elementales, aunque parezcan tontas. Despierta un día, con todo el pesar de tu alma porque aun es muy temprano, mírate al espejo, quizás pienses “estoy destruido por la vida”, aun en esos días hay que hacer algo al respecto, ve arréglate, haz algo diferente, ríete de las tonterías que piensas, toma el mejor desayuno que puedas, se amable con los primeros seres humanos que se crucen en tu camino aunque cueste porque dichos individuos te resulten tan rutinarios como la vida misma, sal de tu casa e intenta no nombrar a la madre del imbécil que se estacionó mal y cuando llegues a tu trabajo deja todos tus problemas en la puerta.
Parece una ridiculez pero funciona, esto hace tus mañanas diferentes, llevaderas, relajadas, porque la energía neutral que irradias les permite a las demás personas tener la confianza de acercarse, hablarte, discutir contigo sin pensar que en algún momento los vas a mandar al demonio, obviamente eso solo es posible si te sabes las reglas del buen hablante y del buen oyente; pues aunque todos estamos hartos del cuentico de la comunicación, es una realidad, la gente se entiende más si se esfuerza en escuchar al otro en lugar de tratar de imponer las ideas propias, el ambiente es mucho mas armónico si de verdad muestras la disposición de colaborar con los demás y si alcanzas a mantenerte al margen de los conflictos grupales innecesarios, en lo que ayuda también emitir opiniones firmes pero imparciales y que no sean despectivas ni excluyentes
Esto es solo un ejemplo de cambio de actitud hacia el mundo que te rodea, si proyectas antipatía, hastío o superioridad, pues solo generaras rechazo, ya que las personas no necesitamos que nos carguen de sentimientos y situaciones desagradables, preferimos ir a quienes nos parezcan más accesibles si es que los hay, pero ¿y cuando no? ¿Sabes que es triste? Que la gente acuda a ti solo por interés o porque no les queda de otra.
¿Por qué considero que es importante proyectar una buena actitud? Pues por la sencilla razón de que atraes más personas… ¿para qué quiero atraer gente a pulular a mi vida? Porque los seres humanos son como libritos, cada uno te enseña algo útil, sirven hasta de ejemplo para lo que no debes ser, decir o hacer. Ahora, ¿cómo logras mantener esa relación con cualquier individuo? En primer lugar quitándote los prejuicios de la mente, dejar de pensar que es muy ñoño, muy gordo, muy feo, muy loco, muy callado, muy diferente, y por otro lado no creer que la confianza se gana imitando lo que hace el otro, las relaciones interpersonales se pueden establecer perfectamente en personas que no tengan nada en común. Y para concluir esta idea, ¿Por qué necesitas aprender de los demás? Porque todos pasamos por experiencias distintas, cada uno siente a su manera, piensa de un modo, cada quien sabe más de algo que tú, todas y todos tenemos una historia que contar y una enseñanza que legar a alguien y necesitamos que esa información llegue a nosotros para empezar a colocarnos en los zapatos del otro, para comprender que la humildad es eso, saber que eres a pesar de todo idéntico al de al lado y que tú también puedes estar en la otra acera de la calle, en cualquier momento.
Humildad, alguien me la definió una vez así: “cuando eres bueno en algo no lo dices, no lo das a entender con ninguna acción o gesto alguno” y en ese momento pensé: ¿quién y para qué diablos quiere la humildad? ¿De qué sirve ser extraordinario si nadie lo sabe? Años más tarde encontré las respuestas, y es que esta virtud, ya sea innata o en mi caso adquirida es un recurso demasiado valioso, tiende puentes para todo lo que te propongas, te permite llegar a personajes que de otra manera no conocerías e irónicamente te das cuenta de que de cierta manera tu mundo no solo sabe que eres excelente en lo que haces sino que te acepta como tal, te respeta porque sabes mantenerte en equilibrio, porque no te haces inalcanzable, porque sabes cuándo callar, cuando apoyar los proyectos ajenos, cuando no cargar con responsabilidades que no te corresponden, cuando ofrecer ayuda, porque asumes de forma justa y honesta tu rol dentro del grupo y ciertamente nada de esto se logra viviendo en una burbuja del Olimpo que tendemos a crear en nuestra mentecita absurda.
La frivolidad y la soberbia van de la mano, y aunque muy pecaminosas y toda la cosa, al débil humano más que tentadoras nos resultan ineludibles, más aún si la vida nos coloca irrisoriamente en una posición privilegiada desde cualquier punto de vista, ya sea porque nacemos con esa buena suerte o porque el tamaño de nuestro ego solo nos permite aspirar a los retos que estén acordes a su altura. Por ejemplo, En medicina, la única carrera donde nos enseñan que después del mismísimo Dios estamos nosotros, los segundos a cargo para decidir la vida o muerte, si le sumas esto a alguien que tiene complejo de globito, créeme que llegara a Júpiter y regresar a tierra desde allá esta difícil, con los años nos hemos cegado completamente a esta realidad, a esta zanja enorme que se ha ido cavando entre gremios, grupos o particulares y el resto del burgo por decirlo de alguna manera y en resumidas cuentas pues está mal, porque sincera e individualmente no existe algo en lo que crea más que en la igualdad.


